From: David
Subject: batallitas
Mi primer experiencia con el GPS me llevó a rebautizarlo como GiliPollaS.
En marzo estuve con tres colegas en Canadá, con la sana intención
de pasar diez días haciendo esquí de montaña. Un amigo
de allá nos había preparado un campamento base en Farm Pass, en
los Selkirks, parque nacional de los Glaciares. Paraiso de la nieve polvo y
del esquí salvaje.
Embarcamos gente, esquís y
pertrechos para una semana en un helicóptero, y al llegar sufrimos una
de las peores decepciones de nuestras vidas: todo el campamento había
sido destruido por una tempestad. Nos llevó unas cuantas horas palear
casi dos metros de nieve, con una capa de hielo en medio, recoger todo el material,
empaquetarlo para que el helicóptero se lo llevase. Con la tarea casi
terminada, partimos hacia las dos de la tarde Paul y yo, para abrir
huella de bajada, y localizar el Farm Pass Trail, sendero balizado que nos permitiría
atravesar el bosque y en una hora llegar al coche. Aprovechamos las palas de
nieve primavera que nos llevaron al bosque, saliendo de la "zona alpina",
pero Paul, buen conocedor de la zona, no
encontró el acceso al camino.
La tormenta no sólo había
asolado nuestro campamento, también había cubierto cualquier indicación
que nos permitiese encontrar el acceso a la senda de regreso.Anduvimos más
de una hora buscando el paso, pero fue inútil. Sabíamos que el
camino discurría paralelo al río, y que en algún momento
se tocaban, de modo que bajamos hasta el fondo del valle. Agua, barrita y serenidad.
¿Dónde coño estamos?
Entonces recuerdo que llevo el GPS,
recién comprado, apenas leidas las instrucciones.Paul brinca de alegría.
Enciendo el aparato, le dejo localizarse, y Paul me pide la lectura. Se la doy
y empieza a jurar en correcto inglés. Según esos datos estamos
a unos cuarenta kilómetros al NW de donde en teoría debíamos
estar. Miro la pantalla y le digo: "Vamos a orientarnos: el norte está
allí" Mi amigo me mira con cara de conmiseración y me sugiere
cosas irreproducibles que puedo hacer con mi GPS. En ese momento decido bautizarlo
como "el GiliPollaS". Montañeros vieja escuela, tomamos mapa,
brújula y sentido común y llegamos a una estimación razonable
de dónde nos encontramos. En función de ella empezamos a foquear,
anocheciendo, en medio del bosque.
Cada vez vemos menos, la nieve es
peligrosamente avalanchosa, y no hay indicios de que nos vayamos encaminando
hacia una buena ruta de salida del marrón.Pero yo, en secreto, he vuelto
a encender el GiliPollaS. Haciendo discretas consultas (para evitar que Paul
haga con él todo lo que me ha
prometido) veo que, estando en movimiento, el norte está en otro sitio,
en el bueno. También veo que el hito (landmark o waypoint en inglés:-)
que yo había marcado en el aparcamiento se acercaba, y que estaba más
o menos en la orientación que habíamos calculado.
Subidón de moral, reencuentro
con la segunda parte de la cuadrilla que nos venía siguiendo alucinada,
discusión de diversas alternativas y decisión: tenemos que salir
del bosque, el peligro de alud es alto, y no estamos en condiciones de pasar
la noche al raso. Por lo tanto, p'abajo.
Las dos siguientes horas fueron espantosas.
Una auténtica esquiada jabalí, con las pieles puestas, entre arbustos
de sotobosque, con la linterna frontal, en nieve isotérmica que en cada
corredor que atravesaba el bosque te los ponía de corbata. Caídas,
ropas rasgadas,
arañazos, ...
Pero el GPS me seguía indicando
una dirección que seguía pareciéndose mucho a la que habíamos
establecido. Yo iba en cabeza, o le daba indicaciones al que ocupaba este puesto
("yo creo que es más a la izquierda") y veía con felicidad
que la distancia al coche se iba acortando.
Cuando el GPS me dijo que estábamos a un kilómetro de distancia, confesé mi pecado. Reuní a los dos colegas canadienses Bryan y Paul -los tres de aquí venían muy retrasados- y se lo conté. Decidimos esperar a los demás y, de pronto, vimos y oímos cómo un enorme camión pasaba por delante de nosotros (a un kilómetro). ¡Qué alegrón!
Seguimos. No fue fácil, pero pasadas las doce de la noche, en medio de un nevadón importante, descojonados, con la ropa hecha un cristo, las pieles de foca bastante deterioradas, hambrientos, llegamos al coche, que estaba donde marcaba el GiliPollaS.
Lo que hicimos los siguientes días no viene al caso. Pero una cosa sí: me leí bien las instrucciones del receptor. Aprendí lo que es el datum (que, es obvio, no había introducido correctamente). Aprendí que los receptores no funcionan bien cuando están quietos. Aprendí a introducir algunos hitos (wpts, lmks ;-) importantes en el cacharro antes de salir al monte para tener referencias de urgencia. Y sigo leyendo y aprendiendo todo cuanto puedo.
Y no he vuelto a llamarlo GiliPollaS.
Agur