Caminando por el Camín Real de la Mesa (GR 101), una calzada romana entre Asturias y León, siguiendo el trazado desde Grado (Asturias) hacia Torrestío (León), cuando estaba ascendiendo a la divisoria, a la altura de las Brañas de la Mesa, los teitos o cabañas pastoriles de techo vegetal, a 1.600 metros de altura y comenzando a entrar en zonas de pastizales, unas espesas nieblas entraron por el norte envolviendo toda la zona. No podía ver ni a un metro de mis narices, la hierba tapaba la calzada y senda, no había ninguna referencia visual, todo verde alrededor y sin saber hacia donde seguir. Bueno pues la ruta la tenía trazada en el GPS, con él en la mano y siguiendola dirección señalada, llegué a la cancela en la alambrada que divide las dos comunidades a 1.781 mts. de altura en el Puerto de la Mesa, justamente en el lugar de paso, ni un metro de diferencia y ni un paso dado en falso.
En el Torcal de Antequera, siendo la primera vez que entraba en ese ciclópeo
laberinto de torcas calizas, donde se puede perder hasta el mejor conocedor
de ese intrincado conjunto de pasadizos, el GPS me sirvió de imprescindible
ayuda para salir de aquella ratonera. Entré por la Vereda de Duarte y
mi intención era atravesar el Torcal y salir a la entrada donde hay una
caseta de información y donde termina la carretera de entrada y parking
de vehículos. Tenía, naturalmente, la ruta establecida en el GPS.
A medio camino la niebla me jugó una mala pasada, de pronto me ví
envuelto en ella y aquello parecia un lugar fantasmagórico de donde no
tenía seguro si podría salir, incluso la vuelta atrás era
complicada pues no había ninguna referencia. Bueno pues con mi GPS pude
salir de aquel laberinto, tuve que dar un par de vueltas sobre mis pasos, pero
llegué a mi destino sin ningún problema, al punto exacto donde
quería.
JUAN A. HOLGADO
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